Mis pensamientos se cruzan una y otra vez, esas palabras me acribillan el corazón con miles de balas, haciéndome daño, envenando mi mente más a cada segundo, todo se vuelve oscuro a mi alrededor. Mis rodillas se doblan, cayendo en seco en el piso, suelto un grito desesperante acompañado de unas lágrimas. La desesperación, la rabia, todo me embarga por dentro, me duele el pecho, tanto que me cuesta respirar con tranquilidad. Intento por mis medios levantarme, quiero y no puedo, porque también me fallan de los nervios. Ya no estoy protegida, ya no tengo nad aa mi alrededor, no logro ver, esa venda se aferrado a mi con fuerza, demasiada, me asusta. Otro grito, otro sollozo, un murmuro. No hay forma de escapar. Pero, hay una pequeña voz, que no deja de cantar, no para y consigue apaciguar por momentos esto que me pasa. A veces, dejo de oírla, ya dándome un ataque de rabia para atrever a hacerme daño a mis brazos y mis piernas, consiguiendo unos leves rasguños. Oigo un alto, claro y profundo, teniendo que taparme los oídos. Susurro un déjame. No lo hace, sino, ahora su presencia se hace notable. Esta detrás de mí, agachándose, cubriéndome con sus brazos. Otra vez unos susurros, con cariño, y lo suelto todo, abosulatamente todo. Buscando su pecho a ciegas, me quedo ahí, como una niña que busca el cariño de una madre cuando se ha caído. También caí, no por jugar, sino por sentimientos. El tintineo de un cascabel me sorprende. El aroma a perfume de mujer, no lo distingo, solo lo reconozco. No me separaba, ni quería hacerlo. Sigo llorando y ella no permite más, sino que me abraza más fuerte. Solo pregunto hasta cuando…hasta cuando esto durará. Calla, hasta que notó en mis mejillas algo frío, deslizarse, hasta descender por mi barbilla y marcharse, luego un sollozo. Sabía la respuesta, solo me limite a intentar callar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario